martes, 23 de junio de 2026

Irán y EE.UU. concluyen negociaciones técnicas y avanzan a una nueva fase de diálogo



El viceministro de Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, dijo este martes que las negociaciones técnicas celebradas en Suiza entre las delegaciones de Irán y Estados Unidos han concluido con la creación de cuatro grupos de trabajo y que la siguiente fase involucrará a un comité de alto nivel.

"Con base en los acuerdos alcanzados, las futuras negociaciones se llevarán a cabo bajo la supervisión de un comité de alto nivel, con la presencia del presidente de la Asamblea Consultiva Islámica y el ministro de Asuntos Exteriores de nuestro país, el primer vicepresidente de Estados Unidos y los primeros ministros de Catar y Pakistán", apuntó Gharibabadi, recoge la agencia IRNA.

El representante de Irán no precisó una fecha.

"Asimismo, se decidió formar cuatro grupos de trabajo: levantamiento de sanciones, programa nuclear, reconstrucción y desarrollo económico, y seguimiento e implementación", dijo.

Gharibabadi, quien encabezó el equipo técnico de negociación de Irán, también afirmó que se acordó la liberación "inmediata" de 12,000 millones de dólares de fondos iraníes congelados y que Estados Unidos emitió una licencia que autoriza la venta de petróleo producido por Irán.

Avances diplomáticos y alivio de restricciones económicas

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Infografía
El presidente de los Estados Unidos Donald Trump.

Previamente, el Departamento estadounidense del Tesoro emitió el lunes una licencia que autoriza por 60 días -hasta el 21 de agosto- producir, vender, transportar e importar crudo, productos petroquímicos y otros derivados del petróleo iraní, pese a que siguen vigentes las principales sanciones económicas contra Teherán.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, indicó en X que "en consonancia con las conversaciones productivas que se llevan a cabo en Suiza, Irán se ha comprometido a garantizar el tránsito libre y abierto en el estrecho de Ormuz y a permitir la entrada de inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en su territorio".

Este mismo lunes, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, aseguró desde Bürgenstock (Suiza) que el domingo, en el inicio de las negociaciones, se logró "muy buen progreso" en cuanto a las conversaciones con Teherán, y afirmó que "el estrecho de Ormuz está abierto" y que el OIEA podrá entrar en Irán.

Tras alcanzar un acuerdo marco, EE.UU. levantó la semana pasada el bloqueo a los puertos y las costas iraníes impuesto en abril pasado para presionar a la República Islámica, cuya economía depende del petróleo.

Antes de la imposición del cerco estadounidense, Irán solía cargar más de 1,5 millones de barriles diarios para su exportación. En mayo pasado, ese volumen cayó a 260.000 barriles al día, según análisis de la cadena CNBC.



El Estado deberá pagar otros RD$340 millones por terrenos del Centro Olímpico



Más de 60 años después de que el Estado declarara de utilidad pública terrenos para desarrollar el entonces Parque Central Metropolitano, parte de los cuales integran hoy el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, una nueva reclamación por justiprecio terminó con una condena de 340.7 millones de pesos a favor de los herederos de la propietaria original.

La Dirección General de Bienes Nacionales (DGBN) pretendía anular una sentencia de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) que impidió revisar la indemnización reconocida por el Tribunal Superior Administrativo (TSA). Sin embargo, el Tribunal Constitucional (TC) rechazó el recurso de revisión presentado por la entidad estatal.

Se trata de otro de los litigios relacionados con propiedades ocupadas por el Estado para la construcción del principal complejo deportivo del país. En 2023, el TSA también ordenó el pago de 472.8 millones de pesos a favor del empresario José Ramón Borrell Ponce por terrenos ubicados dentro del área del Estadio Olímpico Félix Sánchez.

Origen del conflicto

El origen del conflicto se encuentra en el Decreto 1886 del 17 de diciembre de 1964, mediante el cual el gobierno del Triunvirato, presidido por Donald Reid Cabral, declaró de utilidad pública una porción de 15,472.87 metros cuadrados propiedad de Nelly Elidia Pellerano de Ricart. 

Los terrenos fueron destinados al proyecto denominado Parque Central Metropolitano, desarrollado en los terrenos del antiguo aeropuerto General Andrews y donde posteriormente se levantó el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.

De acuerdo con el expediente, casi tres décadas después, el 22 de marzo de 1993, el Estado y la propietaria suscribieron un contrato de permuta mediante el cual se entregó un apartamento como parte del pago. Sin embargo, en el propio acuerdo quedó consignado que permanecía pendiente una diferencia económica que sería cubierta cuando existieran disponibilidades presupuestarias.

Ese saldo nunca fue pagado.

Ante la falta de cumplimiento, los sucesores de la propietaria acudieron a los tribunales en 2021 para reclamar la fijación del justiprecio correspondiente a los terrenos ocupados por el Estado.

La controversia judicial giró en torno al valor de los inmuebles. Mientras una tasación privada presentada por los demandantes estimó los terrenos en 672 millones de pesos, los avalúos de la Dirección General de Catastro Nacional los valoraron en poco más de 9.2 millones de pesos.

En noviembre de 2022, la Primera Sala del TSA fijó la compensación en 340,736,293.72 pesos, tras ponderar las pruebas presentadas por ambas partes y descontar el valor del apartamento entregado previamente por el Estado.

Bienes Nacionales intentó revertir esa decisión alegando que el monto carecía de sustento técnico, que los jueces ignoraron elementos probatorios relevantes y que la Suprema le negó el acceso a la justicia al declarar inadmisible un recurso de casación por haber sido presentado fuera de plazo.

El Tribunal Constitucional rechazó esos argumentos. La alta corte concluyó que la Suprema actuó dentro de los límites de la ley al declarar inadmisible la casación y recordó que la revisión constitucional no está destinada a reexaminar la valoración de pruebas o sustituir el criterio de los tribunales ordinarios sobre el monto de una indemnización.

Con esa decisión, el proceso judicial iniciado por los herederos queda agotado en la jurisdicción constitucional y subsiste la condena económica impuesta al Estado por los terrenos expropiados hace más de seis décadas.

Obras Públicas construirá tres nuevos elevados para agilizar entrada a Santo Domingo



El ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, Eduardo Estrella, anunció que la institución tiene en proyecto construir tres nuevos elevados, a los fines de mejorar la movilidad en el Gran Santo Domingo.

Según Estrella la primera obra de infraestructura contemplada se ejecutará en Pedro Brand y otros dos se encuentran en proceso de licitación para los kilómetros 22 y 17 de la autopista Duarte.

El ministro explicó que estas construcciones buscan eliminar semáforos y agilizar el acceso a la capital desde distintas zonas del país.

Dijo además que se encuentra en licitación la ampliación a cuatro carriles del tramo de la carretera Sánchez, entre el peaje de Haina y la circunvalación, con el objetivo de reducir la congestión vehicular en esa vía.

Asimismo, indicó que el MOPC trabaja en un sistema de drenaje pluvial para enfrentar las inundaciones urbanas y conducir las aguas acumuladas en diferentes sectores hacia el mar.

Estrella ofreció estas informaciones durante una entrevista en el programa El Día.

El precio de sobrevivir: cuando el refugio se convierte en cárcel



La mañana en que Laura escuchó cerrarse el candado detrás de ella comprendió que había logrado escapar de una amenaza de muerte, pero también que acababa de perder el control sobre su propia vida.

Había llegado a una casa de acogida tras denunciar a su expareja. En la fiscalía le dijeron que era la opción más segura. Que allí estaría protegida mientras avanzaba el proceso judicial. Que recibiría apoyo psicológico, acompañamiento legal y el tiempo necesario para reorganizarse.

Sin embargo, cuando la puerta se cerró y entendió que no podría llamar libremente a su familia ni salir cuando quisiera, una sensación inesperada la atravesó.

“Ese día entendí que la presa era yo”, recuerda.

Laura —nombre ficticio para proteger su identidad— es una de las muchas mujeres que han pasado por el sistema de casas de acogida destinado a víctimas de violencia de género en República Dominicana. Su historia resume una paradoja que organizaciones feministas, especialistas y sobrevivientes llevan años denunciando: mientras la víctima debe abandonar trabajo, rutina, vínculos familiares y comunidad para mantenerse con vida, el agresor suele conservar buena parte de su cotidianidad.

El sistema la protegió de un peligro inmediato. Pero esa protección tuvo un costo que todavía hoy sigue pagando.

Vivir escondida para sobrevivir

La primera vez que Laura escuchó hablar de una casa de acogida fue en una fiscalía, mientras denunciaba amenazas de muerte. “Me dijeron que era por mi seguridad, que era el único camino”, cuenta.

Aceptó porque tenía miedo. Porque sentía que cualquier otra decisión podía costarle la vida. Pero la realidad que encontró fue distinta a la imagen que había construido.

Recuerda largas jornadas marcadas por la incertidumbre. Mujeres que compartían espacios comunes mientras intentaban averiguar qué ocurría con sus expedientes. Madres angustiadas por hijos que habían sido arrancados de sus escuelas. Sobrevivientes que pasaban días enteros esperando noticias judiciales.

“Éramos muchas mujeres y muchos niños tratando de entender qué iba a pasar con nuestras vidas. La falta de información era una de las principales fuentes de ansiedad. A veces ni siquiera sabíamos en qué etapa estaba nuestro caso”, relata.

A ello se sumaban limitaciones materiales que, según Laura, agravaban el desgaste emocional. “Teníamos que reclamar cosas básicas. Había momentos en que los productos de higiene escaseaban y muchas veces el menú se repetía durante días. Pasta, arroz y sardina. Llegamos al extremo de tener que dividir una barra de jabón de cuaba entre cinco mujeres y una pasta de dientes entre diez.”.

Más allá de las condiciones materiales, lo que más la afectó fue la sensación de haber quedado suspendida en el tiempo. “No sabías cuánto ibas a durar allí ni cómo iba a ser tu vida cuando salieras”. En medio de esa incertidumbre comenzó a crecer otra preocupación. Su empleo.

El trabajo que se queda atrás

Mientras Laura permanecía oculta por razones de seguridad, su agresor continuaba trabajando. Ella no.

La confidencialidad que rodea a las casas de acogida impide revelar la ubicación del refugio y limita severamente la movilidad de las usuarias. En la práctica, esto significa que muchas mujeres no pueden presentarse a trabajar ni explicar plenamente las razones de su ausencia.

“Yo pasaba las noches pensando en mi empleo”, recuerda. “Sabía que tarde o temprano me iban a despedir”. Finalmente ocurrió. Perdió su trabajo. “Me salvaron de una amenaza inmediata, pero me quedé sin ingresos”.

Su experiencia pone sobre la mesa una de las principales críticas al modelo de protección vigente: el enorme vacío que existe entre las políticas de seguridad y las garantías económicas necesarias para reconstruir la vida de las sobrevivientes.

La legislación laboral dominicana no contempla una licencia especial para víctimas de violencia de género que deban ausentarse de sus puestos de trabajo para protegerse.

El Código de Trabajo reconoce licencias por matrimonio, maternidad o fallecimiento de familiares, pero guarda silencio respecto a una mujer que necesita esconderse para evitar ser asesinada.

Para Syra Taveras, directora ejecutiva del Centro de Investigación para la Acción Femenina (CIPAF), esa ausencia legal revela una falla estructural.

“La legislación laboral dominicana es ciega frente a esta realidad. No existe una protección específica del empleo para mujeres que atraviesan situaciones de violencia extrema”, sostiene.

La consecuencia es que muchas víctimas enfrentan una elección imposible: arriesgar la vida o perder la estabilidad económica.

Lo que dice el Estado

Consultado sobre las críticas al sistema, el Ministerio de la Mujer insiste en que las casas de acogida cumplen una función esencial. Según la institución, el objetivo principal es preservar vidas mientras se activan otras medidas judiciales y de seguridad.

La entidad reconoce que ingresar a estos espacios implica cambios profundos para las usuarias. Alejarse de los entornos habituales, modificar rutinas familiares, mantener reserva sobre la ubicación, reorganizar la vida laboral. Sin embargo, sostiene que estas medidas responden a situaciones de riesgo extremo.

El problema, señalan organizaciones de mujeres, es que la protección termina descansando casi exclusivamente sobre la capacidad de la víctima para reorganizar su existencia.

“La casa de acogida debería ser un recurso de emergencia, no el eje principal de la política pública”, afirma Taveras.

Desde esa perspectiva, la pregunta central no es por qué una mujer rechaza ingresar a un refugio, sino por qué el Estado sigue dependiendo de esa estrategia como principal respuesta frente a la amenaza.

Los hijos también pagan el precio

La violencia no termina en la mujer. También alcanza a sus hijos. Cuando una madre ingresa a una casa de acogida, los menores suelen acompañarla. Eso implica abandonar escuelas, amigos, vecinos y actividades cotidianas. En cuestión de horas, toda la estructura de la vida familiar desaparece.

Los protocolos oficiales contemplan espacios educativos y atención especializada para niños y adolescentes – si no pasan de 14 años–. Sin embargo, especialistas advierten que la interrupción de la rutina escolar y social puede generar consecuencias importantes.

El desarraigo se suma al trauma previo derivado de la violencia vivida en el hogar. La protección, necesaria para preservar la vida, termina arrastrando costos emocionales difíciles de medir.

El caso Esmeralda y la culpa sobre las víctimas

La discusión adquirió una dimensión especialmente sensible tras el asesinato de Esmeralda, una joven que había acudido a denunciar agresiones y que posteriormente fue asesinada.

Después de su muerte comenzó a circular información según la cual había rechazado ingresar a una casa de acogida. Para organizaciones de mujeres, el foco del debate se desplazó rápidamente.

En lugar de preguntarse por qué el agresor logró asesinarla, parte de la discusión pública giró alrededor de por qué ella no aceptó la alternativa ofrecida.

La Coalición por la Vida y los Derechos de las Mujeres considera que esa lógica termina responsabilizando a las víctimas por las fallas institucionales.

Según la organización, cuando la sociedad pregunta por qué una mujer no aceptó refugiarse, rara vez se detiene a considerar todo lo que implica esa decisión: abandonar empleo, entorno, escuela de los hijos, independencia económica y redes afectivas.

La discusión deja de centrarse en el agresor para enfocarse en las decisiones de quien intentaba sobrevivir.

Más mujeres, el mismo sistema roto

Las cifras muestran que cada vez más mujeres siguen necesitando refugio para sobrevivir.

Durante 2025, las casas de acogida del Ministerio de la Mujer brindaron protección a 1,288 personas: 678 mujeres víctimas directas de violencia y 610 menores que ingresaron junto a ellas.

Detrás de esos números hay historias parecidas a la de Laura: mujeres obligadas a abandonar su rutina, alejarse de sus comunidades y sacar a sus hijos de su entorno habitual para ponerse a salvo.

Sin embargo, los datos también revelan las limitaciones de la red de protección. Aunque el sistema opera con 16 refugios a nivel nacional, la carga se concentra de manera desigual.

Solo el Centro Anibel González registró 435 protecciones durante 2025, más de una tercera parte del total nacional. Mientras algunos centros absorbían buena parte de la demanda, otros reportaron escasa actividad e incluso meses completos sin ingresos.

La presión sobre el sistema no parece disminuir. Durante el primer trimestre de 2026 se registraron 332 protecciones, entre ellas 176 mujeres y 146 menores. La cifra representa un incremento de 25 % respecto al último trimestre de 2025 y eleva el promedio mensual a 110 casos, por encima de los 88 registrados al cierre del año anterior. Enero fue el mes de mayor actividad, con 126 ingresos.

Si la tendencia se mantiene, 2026 podría cerrar con más protecciones que el año anterior. Pero el aumento de la demanda abre una pregunta inevitable: ¿ha crecido también la capacidad de respuesta?

Los datos disponibles no permiten saberlo. A diferencia del informe de 2025, el reporte correspondiente a 2026 no desagrega los ingresos por casa de acogida. La omisión impide determinar si la presión continúa recayendo sobre los mismos centros o si la red ha logrado distribuir mejor la atención.

Más allá de las cifras, el panorama apunta a una realidad difícil de ignorar. Cada vez más mujeres buscan protección, pero el modelo sigue siendo esencialmente el mismo: pocos refugios soportan gran parte de la demanda y la principal respuesta institucional continúa siendo apartar a la víctima de su vida cotidiana.

Por eso, la pregunta de fondo no es cuántas mujeres lograron ingresar a una casa de acogida. La pregunta es cuántas quedaron fuera del sistema o decidieron no entrar porque el costo de protegerse seguía siendo demasiado alto.

Una violencia persistente

Los números convierten este tema en urgencia nacional. El Observatorio Político Dominicano (OPD-Funglode), registra 779 mujeres, adolescentes y niñas asesinadas en contextos de violencia feminicida entre 2016 y 2024.

Los datos históricos de la Procuraduría General de la República muestran que más de la mitad de los feminicidios son cometidos por parejas o exparejas. La amenaza, en la mayoría de los casos, no proviene de desconocidos. Proviene de hombres que compartieron la vida cotidiana con las víctimas.

Las estadísticas de atención también muestran una demanda creciente de servicios de asistencia psicológica y legal. Miles de mujeres recurren cada año a las instituciones buscando protección. Las denuncias aumentan. Las consultas aumentan. Los expedientes aumentan.

Sin embargo, las organizaciones que trabajan con sobrevivientes sostienen que el sistema sigue reaccionando con más rapidez para esconder a la víctima que para neutralizar al agresor.

El límite de las órdenes de alejamiento

Entre 2020 y 2025 se emitieron más de 14 mil órdenes de protección y alejamiento. Sobre el papel, el número parece significativo.

Pero juristas y especialistas advierten que la eficacia de estas medidas depende de factores que no siempre funcionan adecuadamente. Primero, el agresor debe ser localizado y notificado. Después, la orden debe ser supervisada.

Finalmente, cualquier incumplimiento requiere una respuesta rápida de las autoridades. Cuando alguno de esos elementos falla, la medida pierde capacidad de protección.

Numerosos casos ocurridos en los últimos años muestran que una orden judicial, por sí sola, no siempre basta para detener a un agresor decidido a continuar el acoso.

Lo que hacen otros países

La comparación internacional permite observar enfoques distintos. Austria otorga a la policía facultades para expulsar al agresor del hogar de manera inmediata.

Alemania aplica el principio de que quien ejerce la violencia debe abandonar la vivienda.

España protege derechos laborales específicos de las víctimas y utiliza sistemas de monitoreo electrónico para controlar a agresores sujetos a restricciones.

Brasil contempla mecanismos rápidos para separar al agresor de la víctima. Todos estos modelos comparten una lógica común: la principal restricción recae sobre quien representa el peligro. No sobre quien intenta escapar de él.

La promesa de los brazaletes electrónicos

En República Dominicana, la posibilidad de incorporar dispositivos electrónicos de monitoreo para agresores ha sido discutida durante años. Diversas iniciativas legislativas han planteado la utilización de brazaletes telemáticos para supervisar el cumplimiento de órdenes de alejamiento.

La tecnología permitiría conocer la ubicación de agresores sometidos a restricciones y generar alertas cuando intentaran acercarse a sus víctimas. Sin embargo, a mediados de 2026, la propuesta sigue sin materializarse plenamente.

Para organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres, la demora ilustra una contradicción persistente. El sistema dispone de mecanismos para ocultar a la víctima, pero todavía no ha desarrollado plenamente herramientas para vigilar al agresor.

¿Por qué ellas y no ellos?

Laura todavía recuerda el sonido del candado. No cuestiona la existencia de las casas de acogida. Sabe que para muchas mujeres representan la diferencia entre la vida y la muerte. Lo que cuestiona es la lógica que las sostiene.

La idea de que la protección implique abandonar empleo, comunidad, autonomía y rutina mientras el agresor conserva gran parte de las suyas. Esa pregunta atraviesa toda la investigación.

¿Por qué sigue siendo la víctima quien debe desaparecer? ¿Por qué la principal respuesta institucional consiste en mover a la mujer y no en controlar al hombre que la amenaza?

Las casas de acogida han salvado vidas y continúan siendo una herramienta indispensable para situaciones extremas. Pero los testimonios de sobrevivientes, las observaciones de organizaciones especializadas y las comparaciones internacionales apuntan hacia un mismo debate: la necesidad de construir mecanismos que permitan proteger sin desarraigar, resguardar sin aislar y garantizar seguridad sin obligar a las mujeres a borrarse de la sociedad.

Mientras esa discusión permanece abierta, miles de dominicanas siguen enfrentando una decisión imposible. Permanecer donde están y convivir con el riesgo, o desaparecer temporalmente para sobrevivir.

Y en esa elección forzada se encuentra, quizá, la contradicción más profunda del sistema actual. Porque cuando una mujer debe renunciar a su trabajo, alejar a sus hijos de la escuela, abandonar su hogar y esconderse para mantenerse con vida, la pregunta ya no es únicamente si está protegida.

La pregunta es quién está pagando realmente el costo de la violencia.

El castigo por el delito de amenaza de muerte no lo paga el criminal; lo paga la víctima. Mientras un agresor camina libre por las calles, asiste a su trabajo y conserva intacta su rutina bajo la mirada ciega de un sistema incapaz de localizarlo, la mujer que denunció para no morir es empujada a la clandestinidad.

Trump asegura que EE. UU. tiene «control total» del estrecho de Ormuz



Washington. El presidente de EE. UU., Donald Trump, aseguró este lunes que su país tiene el «control total» sobre el estrecho de Ormuz, pese a la confusión que rodea actualmente la situación en el paso marítimo, después de que Teherán asegurara que lo ha vuelto a cerrar por los bombardeos israelíes sobre objetivos de la milicia Hizbulá en suelo libanés.

«Tenemos el control total del estrecho; contamos con una armada capaz de imponer un bloqueo. Creo que nuestro bloqueo tuvo más impacto que lanzar bombas», dijo Trump (en un acto celebrado el lunes en la Casa Blanca) después de que el sábado Irán anunciara el cierre de Ormuz tras otra jornada de violencia en el sur del Líbano.

Trump advierte a Irán sobre el cumplimiento del acuerdo

A su vez, Trump volvió hoy a advertir al Gobierno de los ayatolás sobre los compromisos que adoptaron en el memorando de entendimiento bilateral que se firmó la semana pasada y que ha pausado el conflicto y abierto una ventana de sesenta días para que ambas partes logren un acuerdo de paz que incluya las nuevas directrices que regirán el programa nuclear iraní.

«Si Irán no cumple con el acuerdo o no se comporta como debe, haré lo que tenga que hacer», aseguró el jefe de Estado al ser preguntado sobre si aún pensaba en retomar los ataques militares en caso de que Teherán no cumpla con su parte del trato.

Trump también quiso quitar peso a las palabras del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien ha advertido que no retirará tropas de las zonas ocupadas en el sur del Líbano.

La postura de Israel podría seguir complicando las negociaciones con Teherán, que ya retrasó el inicio de las negociaciones en Suiza el viernes, debido a los ataques lanzados sobre suelo libanés.

«¿Que qué voy a hacer (al respecto)? Aún no lo sé. Pero soy alguien que resuelve problemas. Los soluciono muy rápido, incluso con Bibi (Netanyahu)», zanjó el presidente estadounidense.

Señalan a un sargento del Ejército como responsable de muerte de mujer en el Darío Contreras



Santo Domingo, República Dominicana. –  Familiares de la mujer asesinada en el estacionamiento de la emergencia del hospital Darío Contreras señalaron como responsable del hecho a su esposo, luego de una discusión por supuestos celos.

Esta versión la confirma por la Policía Nacional, quien arrestó por este crimen a un sargento del Ejército, identificado como Tony Vallejo Méndez.

La hermana de Nancy Sánchez Gálvez de Vallejo, quien falleció a consecuencia de heridas de bala la madrugada de este lunes, aseguró que fue su cuñado quien asesinó a su hermana, ya que había indicios de violencia del agresor, identificado como Tony Vallejo Méndez, señalado como responsable del hecho.

La Policía Nacional, que inició una investigación sobre el caso, informó que el también sargento del Ejército se encuentra bajo arresto en el hospital de Ciudad Juan Bosch, donde lo ingresaron por una intoxicación.

Durante el incidente también resultó herida Marilenmy Cuello, de 45 años, quien recibe asistencia médica en el mismo Darío Contreras, de acuerdo con las informaciones ofrecidas por el director del hospital. La víctima deja a cinco hijos en la orfandad, entre ellos dos del victimario. El cuerpo de la hoy occisa lo velarán este martes. El velatorio se realizará en la casa de sus familiares, ubicada en el sector La Ciénega, en el Distrito Nacional.


lunes, 22 de junio de 2026

Colectivo exige al presidente Abinader retirar protocolo migratorio de los hospitales



Santo Domingo. El Colectivo Migración y Derechos Humanos (CMDH) entregó este en el Palacio Nacional más de 1,000 firmas recolectadas a través de una campaña ciudadana que solicita al presidente Luis Abinader la derogación inmediata del protocolo migratorio implementado en hospitales públicos del país.

Durante la entrega, representantes del colectivo señalaron que los hospitales deben mantenerse como espacios seguros donde prevalezca el derecho a la salud, la atención médica oportuna y la protección de la vida humana, independientemente de la condición migratoria de las personas.

La petición ha sido respaldada por más de 70 organizaciones, entre ellas Cáritas Arquidiocesana, Participación Ciudadana, Casa Abierta, CIPAF, CONAMUCA, Mujeres Socio Políticas Mamá Tingó, CE-MUJER, Foro Ciudadano, Fundación Friedrich Ebert, Misioneras Scalabrinianas, RedAfros, IDEAC, Asociación de Mujeres y Jóvenes Batey Los Jovillos, OBMICA, Red CLAMOR, Hermanas de los Sagrados Corazones, Foro Feminista, Médicos del Mundo y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), entre otras.

“Una sala de partos no es lugar para desarrollar la política migratoria. Cuando una mujer embarazada, una madre recién parida o una familia con niños evita ir al hospital por miedo, se está poniendo en riesgo la vida y la salud pública”, expresaron durante la entrega.

Derecho a la salud

El colectivo señaló que la presencia de agentes migratorios en centros hospitalarios limita el derecho a la salud y afecta especialmente a mujeres embarazadas, niñas, niños, personas migrantes haitianas, así como a personas dominicanas de ascendencia haitiana, negras o sin documentos, que pueden ser víctimas de perfilamiento racial.

“Esta entrega de firmas representa la voz de miles de personas que consideran que la salud es un derecho fundamental que no debe estar condicionado por políticas migratorias. Las dominicanas y los dominicanos sabemos lo que es migrar. Las personas migrantes dominicanas aportan en las sociedades donde viven, igual que las personas migrantes que viven en República Dominicana aportan a nuestro país. Acudimos al Palacio Nacional para solicitar que se derogue una medida que genera miedo, exclusión y riesgos para la salud de poblaciones vulnerables, así como para la salud pública nacional”, plantearon.

La campaña destaca que la implementación de controles migratorios en hospitales desalienta la atención médica oportuna, con consecuencias graves. Asimismo, recuerda que la Constitución de la República Dominicana establece la salud como un derecho y que el Estado tiene el compromiso de garantizar el acceso universal y no discriminatorio a la atención médica.

El colectivo reconoció que el Estado dominicano tiene la responsabilidad de gestionar la política migratoria, pero insistió en que esa responsabilidad tiene límites claros.

“La gestión migratoria no puede realizarse dentro de los espacios donde se protege la vida. Los hospitales deben ser espacios seguros para todas las personas en territorio dominicano”, afirmó.

El CMDH llamó al Gobierno dominicano a retirar el protocolo migratorio en hospitales. También sacar a los agentes de migración de los centros de salud. Además de abrir un diálogo con la sociedad civil, personal sanitario, organizaciones especializadas y organismos de derechos humanos para garantizar una política migratoria compatible con la dignidad humana, la salud pública y la no discriminación.