Dos cárceles. Dos mundos. Dos visiones diferentes. Dos modelos penitenciarios que coexisten actualmente en la República Dominicana y que definen, cada uno a su manera, lo que el Estado dominicano ha decidido hacer con las personas privadas de libertad.
En el modelo tradicional, cuyo emblema más crudo es la Penitenciaría Nacional de La Victoria, el caos, el hacinamiento, la corrupción y la violencia son la norma. Allí, los privilegios se compran, las drogas circulan, los celulares abundan y los negocios los controlan los propios reclusos. Es un sistema que, en lugar de rehabilitar, perfecciona criminales. Por eso es tan común escuchar frases como: “salió más malo que como entró”.
En el otro modelo, encarnado en el Centro de Corrección y Rehabilitación Las Parras, hay camas para cada recluso, comida garantizada, acceso a estudios y talleres de formación técnica. Representa la apuesta por el futuro del sistema penitenciario dominicano.
Visitar los dos recintos el mismo día es hacer un viaje en el tiempo. El equipo de Grupo de Medios Panorama recorrió las instalaciones de ambas cárceles. Lo que encontramos es el retrato del sistema penitenciario dominicano: una vergüenza histórica que apenas comienza a cerrarse y una apuesta nueva que enfrenta sus propias fragilidades y retos.

La Victoria: 70 años de vergüenza nacional
La Penitenciaría Nacional de La Victoria fue construida en 1952, durante la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo, para albergar a 1,700 reclusos. Sin embargo, ha llegado a concentrar más de 9,300 privados de libertad, convirtiéndose en el símbolo más crudo del fracaso del sistema penitenciario dominicano.
Cuando el equipo de Grupo de Medios Panorama entró al recinto, lo primero que golpeó no es lo que se ve sino lo que se siente. El calor es denso. El olor, pesado. Los pasillos son estrechos y oscuros. Las celdas, que deberían alojar a pocos internos, guardan a decenas. La ventilación es casi inexistente. El agua es escasa. La luz natural, un privilegio.
Pero lo que más impacta no son las condiciones físicas, sino el sistema que creció dentro de esas paredes. Porque en La Victoria se construyó, con los años, una economía paralela perfectamente organizada. Un interno que quiere una cama debe comprarla: puede costar hasta RD$70,000 según los relatos de los propios reclusos. La comida tiene precio de mercado: el desayuno, RD$100; el almuerzo, RD$150; la cena, RD$100. Quien no tiene dinero, depende del poder de otros reclusos.
Los negocios florecen sin control: colmados, cafeterías, paleteras, barberías, mini farmacias y fritureras controladas por los reclusos y permitidas por las autoridades. También funcionan otros negocios que no se pueden apreciar a simple vista, pero que es por todos conocidos: drogas, armas y redes de estafa, extorsión y otros delitos. Y todo funciona sobre una sola regla no escrita: el dinero manda.

Otro aspecto destacable es que los celulares circulan sin restricción y las redes criminales operan desde adentro. En una requisa realizada en febrero de 2022, las autoridades encontraron dentro del recinto un centro de retransmisión de señal de internet con una línea de fibra óptica extendida 96 routers, un servidor propio y 89 cámaras de vigilancia. El servicio de wifi llegaba incluso a los residentes del barrio aledaño.
También fueron incautados 508 celulares, 107 cargadores, 96 auriculares, una laptop, dos tabletas, 9 reproductores de DVD, 35 playstation, 10 controles de distintos aparatos, 8 inversores y 173 bocinas. Igualmente, 71 neveras 11 microondas, 35 licuadoras, 24 tostadoras, siete estufas eléctricas, tres hornos de mesa, cuatro balanzas y otros enseres.
Ante ese cuadro funesto, el Estado dominicano tomó una decisión histórica: cerrar La Victoria. Desde diciembre de 2025 se inició el cierre técnico, lo que significa que no se pueden enviar más privados de libertad a esa cárcel. Y la Dirección General de Servicios Penitenciarios y Correccionales (DGSPC) comenzó el proceso de traslado escalonado de los privados de libertad hacia el CCR Las Parras.
Más de 2,000 reclusos ya han sido reubicados en el primer cuadrante y se espera que el ritmo se acelere cuando se ponga en funcionamiento un segundo cuadrante con capacidad para 2,400. La meta es que, antes de que termine este año, La Victoria sea historia. En su lugar, las autoridades tienen previsto construir una plaza educativa y cultural.
Francina Navarro, encargada y coordinadora del proceso de transición, no buscó eufemismos cuando el equipo de Panorama le preguntó por La Victoria: “El sistema estará de fiesta nacional el día que logremos cerrar el centro de mayor perversión, de atropello, de abuso que pueda existir en este país, que es la Penitenciaría Nacional de La Victoria. Porque esto es abusivo, esto es inhumano. Aquí no hay igualdad. Lo que pasa es que el ser humano está acostumbrado a lo fácil, lo que tu dinero puede pagar”.

Virlenys Aquino Encarnación, directora saliente del recinto, reconoció la magnitud del cambio: “Tomar un centro como La Victoria, que tenía alrededor de 6,000 y pico de privados de libertad bajo su espacio, un espacio que no está apto ni adecuado para ellos, es un paso importante para la institución y para el Estado”.
Sin embargo, la transformación del modelo penitenciario ha encontrado la resistencia de los reclusos acostumbrados a las prácticas ilegales. Durante el recorrido de Grupo de Medios Panorama, ninguno de los reclusos entrevistados dijo estar de acuerdo con el traslado. Por el contrario, afirmaban estar muy cómodos en La Victoria.
Los incidentes de los últimos años
La historia de La Victoria ha estado marcada por sus crisis. En los últimos años, diferentes incidentes la han puesto en las portadas de los medios de comunicación.
2024: Incendio deja 13 muertos
El 19 de marzo de 202 un cortocircuito provocó un incendio que dejó 13 privados de libertad muertos y decenas de heridos con quemaduras graves. El siniestro obligó a trasladar 1,800 reos a distintas cárceles del país.
2023: Llamada de recluso a programa en vivo
El recluso Fausto Miguel Cruz, condenado por el asesinato del exministro Orlando Jorge Mera, realizó una llamada en vivo a un programa radial nacional desde su celda, evidenciando la circulación de celulares sin control.

2022: Riña con 3 muertos y 10 heridos
El 16 de enero de 2022, tres reclusos murieron por impacto de balas y diez resultaron heridos con armas blancas luego de un enfrentamiento entre dos grupos que se disputaban el control del penal.
2021: Motín por traslado de traficantes de drogas
El 23 de noviembre del 2021 se produjo un motín porque la Dirección General de Prisiones había comenzado el traslado de varios internos que vendían drogas.
2020: Decomiso de celulares, armas blancas y drogas
El 18 de septiembre de 2020, internos del penal entregaron armas blancas, celulares, drogas y bebidas adulteradas que tenían en su poder. La medida fue anunciada por la Dirección General de Prisiones resaltando que los reclusos estarían “dispuestos a cooperar con la reforma penitenciaria”.

Las Parras: la apuesta por la dignidad
A 20 kilómetros de La Victoria, en el municipio San Antonio de Guerra, está ubicado el Centro de Corrección y Rehabilitación Las Parras. El contraste se percibe desde la llegada: un conjunto de edificaciones modernas, espacios abiertos e iluminados por luz natural, en un entorno que marca distancia con la imagen tradicional de los recintos penitenciarios del país.
El centro inauguró su primera fase operativa el 22 de noviembre de 2025, aunque su historia es más larga y complicada. Fue proyectado desde 2017 como la solución al colapso del sistema penitenciario, pero quedó paralizado durante más de cinco años porque se convirtió en el principal cuerpo del delito del caso Medusa, el mayor escándalo de corrupción del sector en la historia dominicana.
La primera fase tiene capacidad para más de 2,400 internos y cuando el complejo se termine por completo, se espera que alcance una capacidad de 8,500 presos. Cuenta con verjas perimetrales, torres de vigilancia, celdas distribuidas por cuadrantes, área de lavado de ropa en cada edificio, comedor, aulas educativas, talleres de sastrería y ebanistería, laboratorios de informática, áreas de visitas conyugales, celdas de observación y reflexión y salas de audiencias judiciales.
La diferencia con La Victoria es profunda. Los servicios de salud, psicología, trabajo social y demás son gratuitos. Nadie paga para comer. Nadie compra su cama. Cada interno que ingresa recibe una cama propia, un kit de higiene y ropa que identifica por color el cuadrante donde estará. Cada celda incluye un lavamanos y un inodoro.
María Soriano Herrera, directora del centro, explicó el modelo: “Es un sistema que garantiza todo lo que tiene que ver con la dignidad humana, con los derechos de las personas privadas de libertad y viene a humanizar, a tratar como seres humanos a cada privado de libertad”.

El eje central de este modelo es el estudio y el trabajo. Actualmente, 518 internos cursan formación técnica o estudios universitarios. Otros 148 integran brigadas internas, dedicándose a labores de mantenimiento y remozamiento.
Los privados de libertad que han vivido ambos mundos describen las diferencias. “La Victoria era una corrupción. Aquí estamos más tranquilos. Yo me siento bien aquí”, dijo Manuel Méndez.
Juan Manuel García fue más preciso: “Aquí no se paga por comida, no. La comida es gratis. Ahora, en La Victoria se pagaba: desayuno RD$100, cena RD$100 y comida RD$150. Yo tenía mi cama, yo la compré en RD$70,000. Pero aquí me dieron una da”.
El privado de libertad Andy de León encontró algo que La Victoria nunca le ofreció: “Nunca pensé que iba a ser cocinero, porque en La Victoria no desempeñaba ninguna función. Aquí veo las oportunidades”.
Igualmente, Juan Elías Suero definió las mejoras que ha encontrado: «Un cambio del cielo a la tierra. El trato, las condiciones, aparte de eso, la comodidad. Hay muchas cosas que allá no estaban. La tranquilidad, una buena cama, una buena alimentación”.

Las Parras también tiene sus fragilidades
Las Parras no está exenta de incidentes. En junio pasado, una mujer fue arrestada mientras intentaba introducir sustancias prohibidas. Lo hizo acompañada de su nieta de 11 años. La reacción de varios internos al conocer el arresto fue intentar alterar el orden y 12 privados de libertad sufrieron lesiones.
El director de Servicios Penitenciarios y Correccionales, Roberto Santana, declaró a un medio de comunicación que la transformación del modelo penitenciario encontrará resistencia entre sectores acostumbrados a las prácticas del sistema tradicional. “Quieren hacer este tipo de cosas para volver al modelo tradicional, pero no van a volver”, manifestó.
Santana también reveló que en mayo pasado había 52 miembros del personal penitenciario bajo investigación por presuntos actos de corrupción. Algunos ya habían sido sometidos a la justicia y otros, encarcelados.
Todo esto evidencia que la apuesta para que los privados de libertad tengan un espacio digno, seguro y humano donde puedan reinsertarse a la sociedad no se materializará sin tropiezos. El propio sistema seguirá intentando arrastrar sus vicios viejos al recinto nuevo.
La diferencia entre ambos centros no es solo una diferencia de comodidades. Es una diferencia de propósito. Es la diferencia entre un Estado que solo castiga y un Estado que intenta rehabilitar.
Cuando La Victoria cierre definitivamente y sus muros sean demolidos para convertirse en una plaza educativa y cultural, ese día, como dijo Francina Navarro, el sistema estará de fiesta. El resto del país también debería estarlo.
