martes, 29 de septiembre de 2026

Sube el petróleo tras rechazo de Trump a oferta de Irán

Sube el petróleo tras rechazo de Trump a oferta de Irán


Los precios del petróleo subieron con fuerza este lunes en los mercados asiáticos, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazara una propuesta iraní para establecer una tregua de siete días y reabrir el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el transporte de hidrocarburos.

El Brent avanzó 3.1% hasta los 107.51 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate (WTI), de referencia para la República Dominicana, subió 2.1% hasta los 94.32 dólares.

La propuesta de Irán, presentada la semana pasada ante la ONU, contemplaba un plazo de siete días para recuperar la circulación normal por Ormuz y establecer después una nueva ronda de conversaciones con Washington sobre un acuerdo de mayor alcance.

Teherán transmitió el plan a Estados Unidos a través de Qatar y lo vinculó con varias medidas reclamadas a Washington: el levantamiento del bloqueo naval contra los puertos iraníes, la suspensión de las sanciones sobre las ventas de petróleo, la liberación de activos congelados y un alto el fuego que incluyera distintos frentes de la región.

El canciller iraní, Abbas Araqchi, explicó que los primeros pasos podían completarse en cuatro o cinco días y que el estrecho quedaría abierto el sexto día. El séptimo comenzaría una nueva ronda de conversaciones con Washington.

Los precios del petróleo habían retrocedido

Trump rechazó la propuesta y sostuvo que las condiciones planteadas por Teherán no satisfacen sus objetivos. “Quieren llegar a un acuerdo, y creo que está bien. A mí también me gustaría llegar a un acuerdo. Pero ese acuerdo no sería aceptable”, declaró.

También reclamó que Irán abra el estrecho y sostuvo que el país no puede continuar obteniendo ingresos mientras permanece vigente la presión de Washington.

Los precios del petróleo habían retrocedido después de conocerse la iniciativa iraní, pero el rechazo de Trump impulsó nuevamente las cotizaciones en el inicio de la sesión asiática.


Trump rechaza el plan de Irán de siete días para reabrir el estrecho de Ormuz



El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo este sábado que ha rechazado el plan de siete días presentado por Irán para reabrir el paso marítimo por el estrecho de Ormuz, bloqueado por la guerra.

"Hicieron una propuesta, pero la rechacé", respondió el mandatario a la prensa en los jardines de la Casa Blanca antes de abordar su helicóptero, el Marine One.

A pesar del bloqueo del estrecho, Trump dijo que Estados Unidos tiene "el control total" de Ormuz y que cada día fluyen por la vía "cantidades masivas" de petróleo, 29 barcos la noche pasada.

"Quieren hacer un acuerdo, lo cual está bien, a mí me gustan los acuerdos. Pero ese acuerdo no sería aceptable", apuntó.

El ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, anunció en Nueva York que Teherán había presentado a Washington un plan de siete días para restablecer el tránsito marítimo normal por Ormuz.

Según Araqchí, la reapertura de Ormuz se produciría en el sexto día de la implementación del plan, después de que Washington implementara una serie de medidas durante los primeros cinco días.

El plan contempla, entre otras medidas, un alto el fuego de siete días en Oriente Medio, el levantamiento del bloqueo naval estadounidense contra Irán, el fin de las sanciones al petróleo iraní y la liberación de activos iraníes congelados.

Posteriormente, Irán accedería a reabrir Ormuz y, en el séptimo día, Teherán y Washington retomarían las negociaciones para un acuerdo definitivo, que incluiría el programa nuclear iraní.

Araqchí explicó que Teherán trasladó a Washington la propuesta a través de Catar, uno de los mediadores del conflicto, y planteó que podrá salir adelante si "la parte estadounidense se toma en serio la posibilidad de llegar a un acuerdo".

Director policial a delincuentes: “Nosotros los vamos a buscar, no importa dónde estén”



El director general de la Policía Nacional, mayor general Ernesto Rafael Rodríguez García, advirtió a quienes cometan hechos delictivos que serán perseguidos por las autoridades y exhortó a los miembros de la institución a actuar con determinación para garantizar la seguridad de la ciudadanía.

Durante un mensaje dirigido a agentes policiales, Rodríguez García afirmó que proteger a la población implica sacar de las calles y someter a la justicia a quienes agreden a las comunidades.

“Proteger a los demás significa sacar de la calle, apresarlo y someter a la justicia a aquellos que agreden a los pueblos”, expresó.

El director general sostuvo que la Policía Nacional tiene la responsabilidad de mantener el control de la seguridad y enfrentar a quienes calificó como antisociales, al señalar que no pueden permanecer en las calles actuando al margen de las normas.

Advierte que serán buscados

Rodríguez García lanzó una advertencia directa a quienes incurran en delitos y no se entreguen a las autoridades.

“En este país, a partir de ya, si se entrega cuando comete los hechos, o se lo deja de cometer, porque de lo contrario, nosotros lo vamos a buscar, no importa dónde esté”, manifestó.

Asimismo, aseguró que los agentes cuentan con el respaldo de la autoridad del Estado para cumplir con su responsabilidad de proteger a los ciudadanos.

“Nosotros, la autoridad policial, vamos a sentir el corazón poderoso del Estado”, afirmó.

Rodríguez García también recordó que la Constitución de la República otorga a la autoridad policial la facultad de proteger a los ciudadanos y actuar contra quienes causen daño a la sociedad.

El director general insistió en que la actuación policial debe procurar el acercamiento con los ciudadanos que cumplen las normas y utilizar la fuerza de manera proporcional frente a quienes representen una amenaza, conforme al marco establecido por las leyes.

El asesino invisible

El asesino invisible


La política puede entenderse como una prolongación de la guerra por otros medios. El tráfico de armas y el terrorismo muestran, a su vez, cómo las disputas de poder también se desarrollan en las sombras.

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el tráfico ilícito de armas de fuego está vinculado con diversas formas de delincuencia organizada. Comprende, entre otras actividades, el traslado internacional de armas sin la debida autorización de los países involucrados. Por su parte, INTERPOL describe el terrorismo como una amenaza compleja y transnacional, que puede recurrir a la violencia para infundir miedo, coaccionar a los Estados o desestabilizar a las sociedades con fines políticos, ideológicos o religiosos.

La ubicación de la República Dominicana, en el centro del Caribe, la expone a las rutas del comercio ilícito. Esa posición exige prestar atención al tráfico de armas, drogas y otras sustancias controladas, así como a las redes criminales que podrían utilizar el territorio nacional para sus operaciones.

¿De dónde proceden las armas y las sustancias que circulan por esas redes? Haití es una de las rutas que merece atención. También debe examinarse el origen de las armas que llegan a ese país desde Estados Unidos. Sin embargo, determinar qué parte de ese flujo entra en la República Dominicana, quiénes la reciben y cuál es su destino requiere investigaciones específicas. La existencia de una ruta de tráfico no basta, por sí sola, para afirmar que financia actividades terroristas en territorio dominicano.

Las organizaciones criminales pueden conservar contactos en varios países y reconstruir sus redes después de la detención de sus integrantes de menor rango. Por eso, una respuesta limitada a las operaciones en las calles difícilmente desmantelará una estructura si permanecen activos sus dirigentes, sus fuentes de suministro y sus mecanismos de financiación.

El crimen organizado aprovecha las vulnerabilidades de la población y la dependencia de quienes participan en sus mercados. También recurre al almacenamiento, la distribución a pequeña escala y la eliminación de competidores. La incautación de mercancías puede alterar temporalmente la oferta y los precios, pero no necesariamente pone fin al negocio. Para conseguirlo, las autoridades deben identificar quién controla cada eslabón de la cadena.

Muchas actividades del crimen organizado están vinculadas con el narcotráfico. Esa posible relación debe investigarse en los hechos recientes ocurridos en territorio dominicano, sin adelantar conclusiones sobre casos concretos. Los ajustes de cuentas pueden ser una hipótesis, pero corresponde a las pruebas establecer los motivos, los responsables y el alcance de cada hecho.

Las investigaciones nacionales, apoyadas cuando proceda por la cooperación internacional, permitirían reconstruir las redes y solicitar las extradiciones que correspondan. Antes de atribuirles una dimensión terrorista, es indispensable distinguir entre delincuencia organizada, narcotráfico y terrorismo: sus vínculos posibles no convierten esas categorías en sinónimos.

Quedan preguntas para las autoridades y para la sociedad: ¿a qué responden los hechos recientes? ¿Existen pruebas de organizaciones terroristas internacionales establecidas en la República Dominicana? ¿De dónde proceden las armas que circulan en Haití y en qué medida afecta ese tráfico al país?

Nota editorial: Conviene verificar documentalmente las afirmaciones sobre rutas, organizaciones y hechos recientes antes de publicar el artículo. También retiré la atribución a Clausewitz de la frase inicial, pues la formulación del original podía presentarla erróneamente como una cita suya.

La seguridad también es un derecho: ¿quién protege a quienes cumplen la ley?

La seguridad también es un derecho: ¿quién protege a quienes cumplen la ley?


La seguridad ciudadana suele aparecer en el debate público cuando ocurre un crimen que conmociona a la sociedad. Entonces hablamos de endurecer las penas, aumentar el patrullaje, colocar más policías en las calles o construir nuevas cárceles. Pero quizás estamos mirando el problema desde el lugar equivocado. La pregunta constitucional no debería ser solamente cómo castigar al que delinque, sino algo mucho más profundo: ¿qué está haciendo el Estado para garantizar que una persona pueda vivir, trabajar, caminar, emprender, formar una familia y regresar a su casa sin que su vida dependa de la suerte?

Porque de poco sirve alcanzar metas profesionales, comprar una vivienda, construir un patrimonio, abrir un negocio o trabajar durante toda una vida si en cuestión de segundos una persona puede perderlo todo como consecuencia de un acto criminal. Hay bienes jurídicos que, una vez destruidos, no pueden ser restituidos. Una vida no se devuelve. Una familia no recupera a quien fue asesinado. La tranquilidad de una comunidad tampoco se reconstruye simplemente con estadísticas.

La Constitución dominicana coloca a la persona y su dignidad en el centro del ordenamiento jurídico, mientras que su artículo 255 atribuye a la Policía Nacional la misión de salvaguardar la seguridad ciudadana, prevenir y controlar los delitos, perseguir e investigar las infracciones penales y proteger el libre ejercicio de los derechos y la convivencia pacífica. Por eso, hablar de seguridad ciudadana no es hablar únicamente de política criminal. Es hablar de constitucionalismo.

Luigi Ferrajoli ha desarrollado una concepción garantista en la que los derechos fundamentales funcionan como límites y obligaciones frente a los poderes públicos, y sostiene que el Estado debe garantizar los derechos también frente a los poderes privados y a quienes pueden vulnerarlos. Esa perspectiva es indispensable, pero también nos obliga a formular otra pregunta: ¿qué ocurre cuando el Estado, por proteger correctamente las garantías del imputado, termina siendo incapaz de proteger eficazmente a la víctima y a la sociedad?

La respuesta no puede ser escoger entre los derechos de unos y los derechos de otros. El Estado constitucional tiene que proteger a ambos. El delincuente tiene derecho al debido proceso, a la vida, a la integridad y a la defensa. Pero la víctima tiene derecho a la vida, a la integridad, a la propiedad, a la tutela efectiva y a vivir en una sociedad donde el Estado sea capaz de prevenir y perseguir el delito. Una cosa no elimina la otra.

Por eso tampoco podemos caer en la peligrosa idea de que la única respuesta frente a la criminalidad es permitir ejecuciones extrajudiciales. Que una persona sea señalada como delincuente no convierte automáticamente a la Policía en juez, tribunal y verdugo. El Estado constitucional no puede combatir la criminalidad convirtiéndose él mismo en una fuente arbitraria de violencia. El uso de la fuerza policial debe estar sometido a la ley, a la necesidad, a la proporcionalidad y al control institucional. La propia Policía reconoce que la fuerza letal constituye el último recurso y que su actuación debe desarrollarse dentro del respeto a los derechos fundamentales.

La respuesta correcta no es menos Estado de derecho, sino un Estado de derecho mucho más eficaz. Pero tampoco podemos caer en el otro extremo: una concepción de los derechos humanos que termine mirando exclusivamente al autor del delito y olvide a quien perdió la vida, fue herido, asaltado, extorsionado o tuvo que cerrar su negocio por miedo. Los derechos humanos también tienen rostro de víctima.

La República Dominicana, además, no parte de cero. Las autoridades han reportado avances en materia de seguridad, incluyendo una reducción de homicidios y una estrategia que combina prevención, inteligencia, reforma institucional, control territorial y participación comunitaria. Ese dato debe reconocerse porque una discusión seria sobre seguridad no puede construirse ignorando los avances institucionales. Pero una reducción estadística no significa que el problema haya desaparecido ni que el Estado pueda conformarse.

El desafío ahora es construir una política de seguridad mucho más inteligente. Tenemos tecnología suficiente para hacerlo. Las cámaras de seguridad ya no deberían concebirse solamente como instrumentos para revisar quién cometió un delito después de ocurrido. Deben integrarse, con las debidas garantías legales, en verdaderos centros de análisis criminal capaces de detectar patrones, identificar zonas de riesgo, reconstruir rutas de escape y generar alertas tempranas.

El Sistema 911 continúa ampliando su cobertura y alcanzó el 94 % de la población nacional. ¿Por qué no llevar esa capacidad mucho más lejos? ¿Por qué no construir una verdadera red nacional de inteligencia preventiva contra el crimen, sometida naturalmente a controles judiciales, legales y democráticos? Una red donde confluyan información criminal, análisis territorial, cámaras públicas y privadas conectadas bajo reglas claras, inteligencia financiera, investigación de armas, análisis de patrones y herramientas de inteligencia artificial, siempre respetando la privacidad, el debido proceso y las garantías constitucionales.

La inteligencia artificial puede ayudar a identificar patrones, pero no debe convertirse en juez. Puede generar alertas, pero no condenar personas. Puede ayudar a investigar, pero sus resultados deben estar sometidos a controles humanos y jurídicos.

Y hay otro asunto que considero todavía más importante: la seguridad del ciudadano comienza por la integridad de quienes tienen la responsabilidad de garantizarla. No sería serio afirmar que todos los policías son corruptos. Sería injusto con miles de agentes que arriesgan diariamente su vida. Pero tampoco sería serio negar que cualquier institución que combate estructuras criminales necesita mecanismos extraordinariamente fuertes para detectar y expulsar la corrupción interna.

La Policía Nacional cuenta con una Dirección de Asuntos Internos encargada de investigar violaciones al ordenamiento legal, uso excesivo de la fuerza, faltas éticas y actos de corrupción dentro de la institución, y la propia Ley 590-16 establece mecanismos para que, cuando aparezcan indicios de una infracción penal, el Ministerio Público asuma la dirección correspondiente. El problema, entonces, no es solamente crear órganos de control. Es garantizar que tengan independencia, tecnología, recursos, capacidad investigativa y suficiente fortaleza para investigar a cualquiera, sin importar rango, apellido, amistad o influencia política. Un coronel debe poder ser investigado. Un general debe poder ser investigado. Un empresario debe poder ser investigado. Un político debe poder ser investigado. Un policía debe poder ser investigado. Un fiscal debe poder ser investigado. Un abogado también, cuando existan indicios de una conducta delictiva. No porque todos sean sospechosos, sino precisamente porque nadie debe estar por encima de la ley.

También debemos terminar con una práctica cultural que resulta profundamente dañina: la llamada telefónica para intervenir en favor de alguien que acaba de ser detenido. Si existe una infracción, la investigación debe seguir su curso. Si no existe, debe ser liberado conforme a la ley. Pero el teléfono de un político, de un empresario o de una persona influyente no puede convertirse en una instancia paralela de justicia. El verdadero poder de un Estado no consiste en que una llamada pueda sacar a alguien de un problema. Consiste en que nadie necesite hacer una llamada para que la ley se cumpla.

Y debemos hablar también de nuestros barrios, nuestras escuelas, nuestras familias y nuestros jóvenes. La seguridad no se construye únicamente con patrullas. Se construye evitando que el crimen organizado encuentre permanentemente nuevos reclutas. Educación, empleo, deporte, oportunidades, recuperación de espacios públicos y prevención deben formar parte de la política criminal.

Pero prevención tampoco significa ingenuidad. Una sociedad democrática debe ser capaz de distinguir entre el joven que necesita una oportunidad y la estructura criminal organizada que deliberadamente utiliza jóvenes para cometer delitos. A estas estructuras hay que perseguirlas con inteligencia, investigación financiera, cooperación institucional y todo el peso de la ley.

La República Dominicana es un país pequeño. Precisamente por eso debería ser posible construir un sistema de seguridad mucho más integrado. Podemos saber dónde ocurren los delitos, cómo se movilizan determinadas estructuras, cuáles son las zonas de mayor incidencia y qué patrones se repiten. Podemos utilizar tecnología para anticiparnos al delito sin convertir nuestras ciudades en espacios de vigilancia arbitraria.

La seguridad tampoco debe convertirse en enemiga de los derechos humanos. La seguridad es una condición para que los derechos puedan disfrutarse. Porque ¿de qué sirve el derecho a la propiedad si una persona no puede regresar tranquilamente a su casa? ¿De qué sirve la libertad de empresa si el comerciante vive sometido a extorsiones? ¿De qué sirve la libertad de tránsito si determinadas zonas se vuelven inaccesibles por la delincuencia? ¿De qué sirve hablar de dignidad humana si una familia vive permanentemente aterrorizada?

El desafío constitucional del siglo XXI no consiste en escoger entre seguridad y libertad. Consiste en demostrar que podemos tener ambas. Y quizás aquí está la discusión que todavía nos falta: no necesitamos una Policía que simplemente llegue después de que ocurra el delito. Necesitamos una Policía capaz de anticiparse; un Ministerio Público capaz de investigar estructuras y no solamente individuos; jueces capaces de garantizar derechos y al mismo tiempo hacer efectiva la justicia; organismos de inteligencia capaces de detectar corrupción y crimen organizado; y ciudadanos capaces de exigir resultados sin renunciar a la Constitución.

Porque la lucha contra la delincuencia no puede convertirse en una guerra contra los derechos fundamentales. Pero tampoco podemos convertir los derechos fundamentales en una excusa para que la sociedad quede indefensa. El Estado constitucional tiene que proteger al que delinque frente al abuso del poder, pero también tiene que proteger al ciudadano honesto frente al poder del delincuente. Ahí está el verdadero equilibrio. Y si queremos construir un país seguro, debemos entender de una vez por todas que la seguridad no es un privilegio que el Estado concede; es una condición indispensable para que la dignidad, la libertad y los demás derechos puedan vivirse realmente.

El alto costo de la vida encabeza los problemas del país y de las familias, según una encuesta

El alto costo de la vida encabeza los problemas del país y de las familias, según una encuesta


El alto costo de la vida ocupa el primer lugar entre los problemas que los dominicanos identifican tanto para el país como para sus propias familias. En la encuesta RD Elige de septiembre de 2026, el 15.1 % lo señala como el principal problema nacional, por delante de la migración (13.6 %) y la corrupción (13.3 %). Cuando la pregunta se refiere al hogar, su peso aumenta: el 24.7 % lo menciona como su mayor dificultad.

La distancia entre ambas respuestas muestra cómo cambia el orden de las preocupaciones según se pregunte por el país o por la vida cotidiana. A escala familiar, después del costo de la vida aparecen los bajos salarios, con 16.0 %, y el desempleo, con 9.5 %. Sumadas esas tres respuestas, los asuntos económicos representan el 50.2 % de los problemas principales de los hogares consultados.

Esa proporción es 4.2 puntos menor que el 54.4 % registrado en el levantamiento anterior, pero la economía conserva con amplitud el primer lugar entre las inquietudes familiares. Le siguen la categoría de «otros», con 20.9 %, los problemas de seguridad, con 16.3 %, y los sociales, con 12.6 %.

En la pregunta sobre el país, el informe agrupa los problemas sociales en primer lugar, con 31.9 %, y los económicos en segundo, con 30.2 %. La comparación con la medición previa indica un cambio de posiciones: los sociales subieron 3.4 puntos y los económicos bajaron 10.6. La seguridad reúne el 14.7 % de las respuestas y la corrupción, el 13.3 %.

La economía también recibe una valoración mayoritariamente desfavorable. El 62.8 % califica de mala la situación económica dominicana, frente al 37.2 % que la considera buena. 

Preguntados por el desempeño de la economía en lo que va de 2026, el 58 % se declara algo o muy insatisfecho, mientras el 42 % expresa algún grado de satisfacción.

Otra pregunta revela que la percepción sobre los precios no es uniforme: el 52.7 % afirma que la gasolina y el gasoil han subido mucho durante el último mes, mientras el 45.2 % responde que han subido poco o han seguido igual. La encuesta recoge esas apreciaciones de los consultados. 

Las opiniones sobre la marcha del país ofrecen un contexto para esas respuestas. El 53 % cree que República Dominicana va por mal camino, frente al 39.3 % que considera que va por buen camino. Respecto del levantamiento anterior, la primera respuesta aumentó 13.3 puntos y la segunda cayó 13.4.

Seguridad, otra fuente de malestar

La seguridad aparece como otra fuente de malestar. Aunque solo el 4.3 % la menciona específicamente como el principal problema nacional, el 71.3 % califica de mala la situación de seguridad del país. En el ámbito familiar, la inseguridad ocupa el cuarto lugar entre los problemas individuales, con 7.5 %.

Preferencias electorales

En el terreno electoral, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) encabeza la intención de voto con 34.6 %, seguido de la Fuerza del Pueblo (FP), con 21.7 %, y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con 15.5 %. Otro 8.1 % escogería una opción distinta y el 20.1 % aún no sabe por cuál votaría si las elecciones presidenciales se celebraran hoy.

David Collado figura como el preferido para la candidatura presidencial del PRM. Entre los simpatizantes de ese partido obtiene 66.5 %, frente al 18.5 % de Carolina Mejía. La ventaja también aparece cuando se consulta a la población general sobre quién debería ser el candidato oficialista: Collado recibe 42.2 % y Mejía, 26.9 %.

En la Fuerza del Pueblo, la respuesta cambia según el grupo consultado. Leonel Fernández concentra el 93 % de las preferencias entre los simpatizantes del partido, mientras Omar Fernández obtiene el 7 %. Entre la población general, en cambio, Omar alcanza el 57.3 % y Leonel el 42.7 %.

Gonzalo Castillo lidera las preferencias para la candidatura del PLD, con 61.6 % entre los simpatizantes de esa organización. Le sigue Francisco Javier García, con 18.5 %. En la población general, Castillo también ocupa el primer lugar, aunque con un respaldo menor, de 33.5 %.

La encuesta plantea, además, tres escenarios con nombres de candidatos. Collado obtiene 40.5 % o 40.7 % en los dos en que figura, por delante de Leonel Fernández, que recibe 32.8 % y 32.5 %, respectivamente. En un tercer escenario, sin Collado, Fernández alcanza 35.8 %, Carolina Mejía 31.6 % y Castillo 16.1 %. Se trata de preferencias declaradas ante combinaciones hipotéticas, no de una proyección del resultado de 2028.