A seis meses del trágico desplome del techo de la discoteca Jet Set, que dejó un saldo de 235 muertos, en el santuario improvisado son escasas las personas que acuden a depositar flores, encender velas o elevar clamores de justicia por la pérdida de familiares.
Durante los primeros meses, las ruinas del Jet Set aglomeraban multitudes que clamaban justicia. Hoy, a solo horas de que se cumplan seis meses de la tragedia, la zona cero permanece desolada y los familiares ya no vienen a llorar a sus muertos.
En el santuario improvisado, las flores se han marchitado, las velas están consumidas y las fotografías van perdiendo el color.
Ante el vacío en el lugar, CDN entrevistó a transeúntes, quienes expresaron las emociones que les provocan los vestigios.
Maria Luisa recuerda cómo los propietarios del club nocturno, Antonio y Maribel Espaillat, fueron favorecidos con medidas coercitivas de una garantía económica, presentación periódica e impedimento de salida.
Y teme que, en la fase final del proceso, se salgan con la suya.
El desplome del techo de la discoteca apagó la luz de 235 vidas y dejó heridas en más de 180 personas.
Los hermanos Espaillat, acusados de homicidio involuntario, solicitaron a un tribunal que se ordene un nuevo peritaje.
A Maria Luisa Taveras y los demás afectados, envían mensajes de aliento.
Será el próximo 24 de octubre cuando se conocerá la audiencia de resolución de la petición de un nuevo peritaje, que solicitan los hermanos Espaillat.

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