No escribo para agradar, escribo para que despierten
Parece irónico, pero es una práctica más común de lo que se cree. Quienes han sido críticos, opositores y hasta detractores acérrimos de una gestión, terminan sentados en la misma mesa, compartiendo el pan y el poder.
Mientras muchos que sí apostaron, que sí defendieron y que sí arriesgaron, siguen esperando ser valorados.
Es una estrategia política conocida: mantener cerca a los enemigos, darles espacios para evitar ataques, o simplemente por imagen. Pero eso tiene un costo: la traición silenciosa, el resentimiento de la base y la desmoralización de quienes realmente creyeron.
Al final, no es malo buscar la unidad, pero sí es preocupante cuando el leal es olvidado, y el adversario recompensado. Porque en política, comer con el enemigo a veces termina en que te quiten hasta el plato.

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