Los therians y la llamada «crisis de identidad» fueron analizados por el psiquiatra José Miguel Gómez, quien explicó que la tendencia ha generado numerosas consultas de medios y público preocupado por si se trata o no de un problema de salud mental.
Gómez vinculó el fenómeno con cambios culturales y la influencia de los algoritmos, que promueven la búsqueda de notoriedad, validación y presentismo entre jóvenes de la generación Z.
«Todavía no se puede hablar de un trastorno psiquiátrico«, afirmó el especialista en Despierta con CDN. Además, precisó que para considerarlo como tal debe persistir y afectar la funcionabilidad: escuela, universidad, trabajo o la socialización.
Distinguió entre quienes se disfrazan por gusto y quienes se autopercepciben como animales y adoptan comportamientos (ladrar, caminar a cuatro patas) de forma recurrente, lo que podría indicar una crisis disociativa si rompe con la vida cotidiana.
Gómez señaló que muchos jóvenes adoptan estas identidades por imitación y búsqueda de impacto en redes, sin evidencias de traumas previos que expliquen el comportamiento.
Al hablar de reacciones familiares, recomendó que los padres confronten la conducta. También pidió que no la acepten pasivamente: diferenció el uso de disfraces en carnavales del intento de «involucionar» para asumir comportamientos no humanos.
Implicaciones sociales y escolares
El especialista alertó sobre la influencia de las redes en adolescentes cuyo cerebro todavía se desarrolla hasta los 25 años, lo que facilita la modificación de patrones de pensamiento y conducta.
Dijo que la ausencia de ideologías o causas colectivas ha dejado huecos que algunos jóvenes llenan con estas identificaciones. Además, indicó que esto puede debilitar el compromiso social y la corresponsabilidad ciudadana.
Gómez criticó también a quienes normalizan o acompañan la conducta sin cuestionarla, y opinó que la desaprobación pública puede, paradójicamente, alimentar la búsqueda de atención.
Sobre el rol de los medios, consideró válido abordar el tema, porque los algoritmos pueden imponer tendencias. También modificar comportamientos sociales, incluso influir en procesos políticos y electorales.
En su mensaje final pidió a los jóvenes no dejarse influenciar por modelos que rompen con su identidad. También aconsejó a padres, colegios y escuelas no aceptar sin confrontación estas conductas.

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