La última investigación del consorcio Expediente Abierto documenta que la relación económica mantiene a la región en una dependencia estructural, mientras las exportaciones siguen limitadas a bienes de bajo valor incorporado y escaso desarrollo tecnológico.
Informe recomienda considerar en Centroamérica como indispensable fortalecer la capacidad técnica y operativa de cada estado Centroamericano para diseñar, negociar, implementar y evaluar sus relaciones económicas internacionales (Foto elaborada con IA).
La expansión de China en Centroamérica ha generado un marcado desequilibrio comercial, según el informe Comercio asimétrico con China: ¿por qué pierde Centroamérica? del consorcio Expediente Abierto.
Mientras que la región ha buscado en el país asiático nuevas fuentes de inversión y acceso a mercados, los resultados concretos muestran que la asimetría en las relaciones beneficia abrumadoramente a la potencia asiática y limita la capacidad de desarrollo estructural de sus socios centroamericanos.
Esta tendencia se fundamenta en la dinámica de intercambio: el país asiático ha consolidado su papel como principal proveedor de bienes manufacturados, tecnológicos e intermedios. Por el contrario, Centroamérica solo logra exportar principalmente materias primas, productos agroindustriales poco diferenciados y bienes de bajo contenido tecnológico.
El modelo extractivo y las debilidades institucionales agravan los riesgos
La creciente presencia de capitales chinos en sectores estratégicos como minería, infraestructura, energía y telecomunicaciones es motivo de inquietud para los analistas de Expediente Abierto. Advierten que, en países con legislación y control institucional débiles, la expansión empresarial china puede implicar riesgos para la seguridad de datos y la soberanía estatal. El informe señala que, en un contexto de fragilidad regulatoria y escasa fiscalización, aumentan las posibilidades de que empresas vinculadas con Estados poco transparentes adquieran posiciones dominantes en el mercado, generando impactos negativos como degradación ambiental, incremento de conflictos sociales y la pérdida de soberanía sobre recursos clave.
Expediente Abierto atribuye parte de la vulnerabilidad regional a la falta de una estrategia coordinada frente a China, lo que favorece negociaciones fragmentadas y debilita aún más la posición centroamericana frente al gigante asiático.
El documento urge a los gobiernos de la región a avanzar hacia una estrategia regional concertada, capaz de armonizar estándares regulatorios y definir sectores estratégicos comunes. Se recomienda el documento, todos los acuerdos comerciales y de cooperación con China debieran estar alineados con objetivos concretos de desarrollo productivo, y que el acceso a mercados e incentivos se condicione a transferencias tecnológicas, generación de empleo de calidad y fortalecimiento de capacidades locales.
El reporte considera fundamental que el sector privado centroamericano deje atrás perspectivas pasivas y puramente oportunistas ante el mercado chino. Indica que la competitividad regional no puede sostenerse en costos bajos, sino en la diferenciación, calidad, sostenibilidad y valor agregado. Recomienda la inversión en innovación tecnológica, certificaciones internacionales y el desarrollo de marcas territoriales, así como fortalecer la capacidad de inteligencia de mercado y el conocimiento del contexto normativo y cultural chino.
Desde el establecimiento de relaciones diplomáticas en 2018 bajo las administraciones de Salvador Sánchez Cerén y Nayib Bukele, El Salvador ha sustentado sus exportaciones a China en la venta de azúcar.
El volumen exportado creció en 2015 y alcanzó su pico en 2018 con USD 78.40 millones en azúcar. Este crecimiento, no obstante, no se mantuvo: en 2023, la exportación de azúcar al gigante asiático se redujo a cero. Fuera de este producto, las ventas salvadoreñas a China incluyen ropa, aluminio, manufacturas y cables eléctricos, aunque en volúmenes considerablemente menores.
Respecto a las importaciones, El Salvador depende en buena medida de maquinaria, equipos tecnológicos, plásticos, vehículos y otros bienes de alto valor agregado procedentes de China.
El informe indica que la superior competitividad china en los sectores textil y de confección imposibilita que El Salvador transforme estos productos en la base de su oferta exportable, lo que limita el margen de diversificación y sofisticación de su economía.
Durante 2024, El Salvador importó desde China USD 2.688,57 millones, equivalentes al 17,32 % del total de sus adquisiciones externas en ese periodo, según la información publicada por Expediente Abierto.
Este volumen convierte a China en uno de los principales socios comerciales de El Salvador en el campo de las importaciones. En marcado contraste con el flujo importador, las exportaciones de El Salvador a China sumaron tan solo USD 52,76 millones en 2024, lo que equivale al 0,95 % del total anual exportado por el país.
Entre las exportaciones salvadoreñas, las prendas de vestir son de los principales productos de exportación y han ganado cierto protagonismo en las exportaciones a China. No obstante, China es altamente competitiva en este rubro, por lo que El Salvador tiene pocas posibilidades para hacer de este tipo de bien un tractor de sus exportaciones a la nación asiática a largo plazo, advierte el estudio.
De acuerdo con el análisis de Expediente Abierto, la combinación de importaciones elevadas y exportaciones reducidas evidencia la predominancia de una relación bilateral importadora, en la que El Salvador depende ampliamente de tecnología, maquinaria y productos manufacturados provenientes de China, mientras que su capacidad de inserción exportadora en ese mercado permanece restringida tanto en volumen como en variedad de bienes.

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