miércoles, 25 de marzo de 2026

Tenía 14 años cuando empezó el abuso y 20 cuando la mató: Randielis, una joven "buena, buena, buena"



A sus 20 años, Randielis Michel Rudecindo era, para los suyos, mucho más que una joven con sueños: era apoyo, alegría y humildad.

La tarde del domingo, en el sector Los Guaricanos, municipio Santo Domingo Norte, su vida fue apagada a manos del hombre con quien estuvo desde que era una adolescente. Pero en su familia, el recuerdo que permanece es el de una muchacha "buena, buena, buena", como repite su madre entre lágrimas.

"Ella no se metía con nadie", dice con la voz quebrada. Y no es una frase vacía: dice que quienes la conocieron coinciden en lo mismo. Era tranquila, cariñosa, de esas personas que evitan conflictos, incluso ajenos. "Si me veía discutiendo, se ponía guapa conmigo... no le gustaba que yo peleara con la gente", recuerda.

Randielis era la menor de tres hermanos y quien terminó cuidando a los demás. Era emprendedora: atendía por citas en su casa, donde ofrecía servicios de trenzas, postura de pelucas y tintado de cejas y labios. Había terminado el bachillerato, se graduó de un curso de cosmetología y soñaba con ingresar a la universidad.

Pero mientras hacía sus planes, también ayudaba a su familia: "yo me estaba apoyando con ella", confiesa su madre. "A veces le decía: ´ponme una recarga´, y ella me la ponía... ´ella me decía, voy ahorita a llevarte algo´".

Desde que su esposo falleció, hace tres años, Randielis se había convertido en un pilar para Altagracia: "esa era la muchacha que me estaba ayudando a mí en la vida".

Su tía, Odaliza Ruvecindo, la recuerda como una luz: "esa niña, uno la vio nacer; era tan alegre, tan contenta", dice. También evoca su pasión por la belleza: "esa era su ambición. Siempre quería hacer de todo. Me decía: ´Tía, yo voy a poner un local´".

En el barrio la conocían como "la Sierva". No era un apodo cualquiera: hablaba de su forma de ser, de la educación que recibió, de su cercanía con los valores que le inculcaron sus familiares. "Uno la instruyó en los caminos", explica su tía.

Era cercana, "pegajosa con todo el mundo", de esas jóvenes que se ganan el cariño sin esfuerzo. Iba y venía, compartía con los primos, reía. "Aquí todo el mundo era loco con esa muchacha", repite su madre. Y no solo allí: también en los Guaricanos, donde vivió parte de su vida.

¿Qué sucedió?

Randielis ya había dejado claro a su familia que no quería continuar la relación con su agresor, Ziel Gulbert La Force, mucho mayor que ella, con quien había estado desde que tenía apenas 14 años, él tenía unos 33 años cuando inició el abuso. Se lo dijo a su madre y a su tía: no iba a volver con él.

De acuerdo con su Odaliza, La Force ingresó al país el pasado 25 de febrero. Para entonces, la relación ya había terminado desde hacía varios meses. Sin embargo, Randielis aún residía en un apartamento, ubicado en Los Guaricanos, próximo a la avenida Jacobo Majluta, que en el pasado había compartido con él.

A inicios de marzo, el hombre irrumpió en el lugar, la golpeó y destruyó todas sus pertenencias, ropa, celular y hasta una pasola. A partir de ese momento, la joven abandonó el apartamento y se vio obligada a alejarse del sector para resguardarse.

Según su familia, Randielis nunca interpuso una querella en su contra, "porque no quería hacerle daño". Él, incluso, había dicho que se marcharía del país. Pero, al final, fue ella quien terminó siendo la más afectada.

La tarde del domingo 22 de marzo, mientras visitaba a una amiga en la calle Mauricio Báez, en Los Guaricanos, su agresor logró ubicarla. Allí la interceptó y le disparó en la cabezaquitándole la vida.

La Policía Nacional activó los controles migratorios en aeropuertos, puertos y la zona fronteriza para evitar que el autor del feminicidio abandone el país.

Piden justicia

Altagracia, recuerda que, La Force solía realizarle múltiples llamadas a su hija mientras estaba fuera del país. Sin embargo, frente a ella, el hombre no mostraba comportamiento violento. Incluso, su tía asegura que él estaba construyendo una casa para Randielis encima de su madre, en la comunidad Punta de Villa Mella, lo que hacía aún más difícil imaginar el fatal desenlace.

"Yo trataba a ese hombre como si fuera mi hijo. No pensaba que él me iba a matar a esa muchacha", dice Altagracia, en medio del dolor.

El golpe ha sido devastador. Su familia intenta sostenerse mientras piden justicia y que el culpable sea arrestado y pague por haber apagado la alegría de Randielis.


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