En República Dominicana salir a la calle se ha convertido en un acto de riesgo.
No es una exageración. Es una realidad respaldada por datos.
Según la World Health Organization, el país figura entre los de mayor tasa de mortalidad por accidentes de tránsito en el mundo, una posición que nos coloca en niveles críticos frente a otras naciones.
Pero más allá de la tasa, el verdadero drama está en las vidas que se pierden.
La dimensión de la tragedia
En los últimos años, las muertes por accidentes de tránsito han seguido una línea alarmante:
• 2020: 1,638 muertes
• 2021: 1,846 muertes
• 2022: 2,079 muertes
• 2023: 3,128 muertes
• 2024: 3,114 muertes
Más de 10,000 dominicanos han muerto en apenas cinco años.
No estamos ante hechos aislados. Estamos ante un patrón sostenido.
La principal causa de muerte en jóvenes
El dato más contundente es este:
Las muertes por accidentes de tránsito se han convertido en la principal causa de muerte en la población joven, especialmente entre los 15 y 39 años.
De acuerdo con el Ministerio de Salud Pública y el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre, los accidentes superan en ese grupo a causas como:
• Enfermedades cardiovasculares
• Accidentes cerebrovasculares
• Diabetes
• Cáncer
La diferencia es fundamental.
Mientras esas enfermedades responden a condiciones de salud, los accidentes de tránsito son, en su mayoría, evitables.
Estamos perdiendo jóvenes no por enfermedad, sino por desorden.
El problema que el Estado no ejecuta
Existe un mandato legal para realizar la inspección técnica vehicular, pero en la práctica no se aplica.
Esto permite que circulen:
• Vehículos sin condiciones mecánicas
• Camiones con fallas estructurales
• Autobuses sin mantenimiento
La ley existe. Lo que no existe es su cumplimiento.
Alcohol y conducción: una combinación tolerada
En República Dominicana se permite:
• La venta de alcohol en estaciones de combustible en carreteras
• El consumo dentro de vehículos
• Que motoristas circulen ingiriendo alcohol
No es un tema cultural. Es falta de control.
Inversión sin resultados proporcionales
Se han destinado miles de millones a infraestructura vial, incluyendo más de RD$30,000 millones en la Autopista Duarte.
Es justo reconocer esfuerzos importantes desde RD Vial y la gestión de Hostos Rizik, pero la realidad es que los resultados aún no corresponden con la magnitud de la inversión.
Persisten problemas básicos:
• Tramos oscuros
• Señalización deficiente
• Deterioro vial
Invertir no es suficiente si no se traduce en seguridad.
El caos del parque vehicular
El desorden también está en lo que circula:
• Más del 60% de las muertes involucra motocicletas
• Importación masiva sin control
• Camiones de décadas pasadas en operación
• Vehículos de carga y transporte en condiciones deficientes
Todo esto ocurre sin consecuencias reales.
Lo que hemos normalizado
Nos hemos acostumbrado a lo inaceptable:
• Accidentes diarios
• Muertes constantes
• Falta de sanción
Y eso es lo más peligroso: la normalización.
La conclusión
República Dominicana no tiene un problema de tránsito.
Tiene un problema de:
• Falta de autoridad
• Permisividad institucional
• Incumplimiento de la ley
Porque mientras eso no cambie, las cifras seguirán creciendo.
La pregunta que queda
No es qué hay que hacer.
Es: ¿Cuántos dominicanos más tienen que morir para que esto deje de ser normal?

No hay comentarios.:
Publicar un comentario