miércoles, 20 de mayo de 2026

Redondo dice esperaba que Luis Palmas también cumpliera 30 años de prisión por asesinato Llenas Aybar



Una investigación mal realizada, dinero, status, poder, pueden dar un giro inesperado al sentido de justicia. En el crimen del niño José Rafael Llenas Aybar, no queda claro, cuál influyó, lo que sí, 30 años después cobra sentido que no todos los involucrados en este cruel asesinato pagaron con cárcel, al parecer, quien orquestó el plan, fue dejado en libertad.

En 1996, durante el proceso judicial, Mario José Redondo Llenas, señalaba a Luis Palma de la Calzada, esposo de la entonces embajadora de Argentina en el país, Teresa Meccía de Palmas, como parte conceptual del crimen, tres décadas después la versión persiste.

“Yo dije como mejor pude en Instrucción, hace 30 años, que yo estuve primero por iniciativa propia pero eventualmente perdí el control por un vínculo que tenía con unas personas que en aquel momento, en mi inmadurez, lo vi como una situación que podía manejar y eventualmente me di cuenta que no tenía esa capacidad, y yo a través de una serie de situaciones, que ya las dije en Instrucción, dieron paso a que esas personas fueran sometidas”, respondió Redondo Llenas al preguntarle durante la entrevista exclusiva, si recibió instrucción de alguna persona.

¿Quién más que él podría revelar quiénes participaron en la planificación de aquel asesinato? ¿Si en esa época se creía que lo decía para descargarse de culpa, ahora, tras salir y cumplir su condena, por qué mantiene la implicación de terceros, específicamente, de Luis Palma?

“Me refiero a su esposo, vamos a decir que ahí, era el adulto, pero qué vamos a lograr ahora que no logró un proceso que lo sometió a justicia y que en la providencia calificativa que se me entregó ellos fueron imputados, esto ahora, lo veo estéril y tengo el suficiente conocimiento para decirle a usted, que estoy seguro de que esto puede generar interés, pero no hay ninguna vía legal para hacer justicia a esas personas y si usted me pregunta yo me siento reconciliado con mis 30 años y voy a cargar con ese dolor siempre”, agrega a su respuesta.

A pesar de estar señalados y quizás por el velo de la inmunidad diplomática que les protegía, las autoridades judiciales no determinaron su posible implicación y permitieron la salida del país de la familia Palma Meccias, en agosto de 1996; una salida apresurada que a su llegada a Argentina generó interrogantes. Los medios argentinos hablaban de un allanamiento por parte de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), a la vivienda de la embajadora en Santo Domingo, tras la denuncia de supuesto tráfico de drogas. Destacan que, en la casa encontraron impactos de balas en las paredes y capsulas de bala en el suelo. Sin dudas, acumulaban un cuestionable historial.

“Cuando estaba en Instrucción el juez investigándome y claro, no por las razones que lo creo ahora, pero en aquel momento yo me lo creía que ellos eran muy importantes y que ellos podían manipular las cosas. Y pensando que era así, yo le decía al magistrado Alexis, que ya no es juez, hecho yo un guiñapo, yo le decía magistrado esto no tiene sentido, esto no va para ningún lado. Y no tengo quejas con él porque hizo lo que pudo, porque en ese momento yo no tenía conocimiento para saber lo que iba a pasar, yo no sabía que ellos tenían inmunidad diplomática, ni sabía cuáles implicaciones tenía eso, eso no lo sabía. Entonces, terminó siendo un muchacho que hoy le dice, no rehúye de esa responsabilidad como adulto, un muchacho más o menos solo, porque yo tuve un abogado casi un año después de que me pusieran en Instrucción. Terminé siendo yo solo con el cariño de mi familia. Y desde entonces, resulta que los argentinos o que el señor Palma me lo inventé yo, uao”, recuerda decepcionado Redondo Llenas.

Los registros de prensa indican que, tras abandonar Santo Domingo, la familia se estableció en la ciudad Mar del Plata, en Argentina. Pero, en 1998 pese a que un tribunal consideró procedente juzgarlos en contumacia, figura jurídica hoy inexistente, no se instrumentó ningún proceso judicial en su contra debido a lo establecido en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, cuyo artículo 31 dispone que los agentes diplomáticos gozan de inmunidad de la jurisdicción penal del Estado receptor. Además, están protegidos frente a la jurisdicción civil y administrativa, no están obligados a testificar y no pueden ser objeto de medidas de ejecución, salvo excepciones específicas que no vulneren la inviolabilidad de su persona o residencia.

Tener en frente a una Justicia incrédula a su testimonio sobre el señor Palma, al principio, confiesa, le resultaba frustrante.

“Eventualmente, lo acepté y llegué a la convicción de que lo único que yo podía hacer era cumplir con la responsabilidad mía. Caerle atrás a fantasmas porque ya son fantasmas no solamente es estéril desde el punto de vista mío ahora, porque cuando pude, hice lo que pude, y luego pagué el precio y acepté que la realidad se acomodara, y claro, ya daba trabajo, pena hablar de los argentinos, hablar del señor Palma porque si se hablaba de eso podía considerarse una atenuante, la gente se convenció de que yo no merecía ninguna consideración y ya ellos no estaban aquí, entiendo que se hizo un esfuerzo de traerlo, entiendo que eso fue infructuoso, así que ya no tenía sentido, porque cuando me ponía a hablar de alguien que ya estaba fuera del país y no había forma de traerlo, entonces, era, este tipo lo que está tratando de descargar su culpa sobre otro”, continúa su relato.

En la actualidad tras el fallecimiento de Palma de la Calzada, asegura que nunca quiso descargarse de responsabilidad, solo informar lo que sabía, como una forma de esclarecer lo sucedido como le pedían los jueces.

“Que seguramente era incoherente e incompleto, lógico. Yo era un muchacho”, añade.

Escuchando todo lo que has dicho hasta ahora, actuaste bajo la influencia del esposo de la embajadora de Argentina en esa época, ¿solo de él o también de su hijo?, se le pregunta intentando tener algo más de información a pesar de su idea de ya para qué.

“Es muy complejo reconstruir eso tanto tiempo después. Cuando se habla de influencia en una situación penal, que, por cierto, es difícil demostrarlo, entonces, se siente que eso de alguna manera recalibra la culpa, porque una persona que actuó bajo coacción o bajo algún grado de coacción, no puede ser igual de responsable penalmente, humanamente no puede ser igual de responsable, que una persona que ha actuado libremente, felizmente. En aquel momento, porque para saber quién yo era, qué podía ocurrir conmigo, qué tan influenciable yo podía ser, había que ponderar cuál era la estructura de mi persona en ese momento al margen de mi juventud, esa es una oportunidad que ciertamente la hubo, hubo la posibilidad de verificar más o menos qué tipo de persona yo era”, argumenta.

Pero, lamenta que en lugar de evaluar si fue inducido a cometer el crimen, los responsables del caso, permitieron el dictamen de un diagnóstico médico con el que a la fecha difiere.

“Yo no quiero entrar en ponderaciones para la que no tengo la calificación profesional del trabajo que hicieron los sicólogos y los psiquiatras que hace 30 años me vieron, una o dos horas aquí y de ahí salieron a la televisión. No me voy a poner en eso y pienso que no tiene mucho sentido. Lo que creo es que ese diagnóstico que se dio y del que todavía hay gente que porque tengo las cejas juntas dice que parezco psicópata, a ese nivel de ligereza podemos llegar, pero si usted revisa cuáles son las condiciones para recibir un diagnostico como ese probablemente yo no las cumplía en aquel momento, pero si revisa cómo me he manejado desde entonces, y quizás alguien dirá es un psicópata y está simulando, pero 30 años simulando, no se puede”, concluye y con esto cerró los detalles ofrecidos sobre la familia diplomática a la que, según estas declaraciones, una vez un sistema de justicia débil permitió que partieran libres sin pagar por el plan macabro que armaron.

No se hallaron pruebas físicas directas que los vincularan al asesinato y la tesis que manejó el Ministerio Público durante el juicio, fue que Mario Redondo y Juan Manuel Moliné, actuaron motivados por dinero y consumismo, particularmente por el interés de aparentar un estilo de vida que no podían sostener. Francisco Domínguez Brito, para la época fiscal y quien dio seguimiento de cerca al caso junto a otros investigadores, a la fecha descarta que existieran manipulaciones ejercidas por los diplomáticos para que se cometiera el crimen.

El motivo del secuestro fue dinero”, expresó Domínguez Brito durante una entrevista televisiva en la que, tras la salida en libertad de Redondo Llenas, volvió a referirse a uno de los procesos judiciales más impactantes de la historia criminal de República Dominicana.

“Muchas de estas teorías eran para promover que ellos no debían ser condenados por ese crimen tan atroz, porque fue por influencia y fue una serie de cosas”, afirmó en unas declaraciones que previo a esta entrevista pudieran tener sentido. Ahora, el desconcierto, es sin dudas mayor: ¿la justicia falló permitiendo la condena de solo una parte?

De acuerdo al Código Penal vigente si una persona comete un delito porque otra la influenció mediante promesas, amenazas o abuso de poder, la ley dominicana considera a esa persona «influenciadora» como un cómplice (o autor intelectual).

“Cuando pude y en la instancia que me correspondía, dije todo lo que yo sabía, y yo esperaba que, así como a mí me allanaron en mi casa, que hubieran ido a la casa de él (en referencia al señor Palma), y lo allanaran, pero no”, enfatiza sin titubear Redondo Llenas, ahora de 49 años.

Pero, el motivo del secuestro sigue siendo un cabo suelto en esta historia: ¿dinero, satanismo, ambos?

“No, yo no practicaba el satanismo. La pregunta es válida, pero se hubiera podido responder mejor si otras personas me hubieran acompañado en este proceso, por ejemplo, si el señor argentino hubiera estado conmigo estos 30 años quizás eso se hubiera respondido mejor. Pero, yo no era satánico, no práctico el satanismo eso no es algo que a mí me resulte”.

Por el caso, Los Palmas solo se enfrentaron a la destitución de las funciones diplomáticas de la embajadora, debido a la presión mediática y las acusaciones contra su esposo y su hijo, Martín Palmas Meccia. De ser ciertas estas declaraciones, queda esperar que la justicia divina, haga su parte.

Un diagnóstico de psicopatía que hoy nos pone a pensar

Haciendo énfasis en el diagnostico recibido en 1996, asegura que, hasta ese momento no contaba con un diagnóstico previo al de psicópata, ofrecido durante el juicio.

“No tenía historia de psicopatía hasta ese momento. Y yo escuché las explicaciones una y otra vez que se dieron en el Tribunal y todavía hay gente que recurre a eso porque siento que es una explicación que deja tranquilo a muchos. El hombre es un malvado, siempre fue un malvado, no sabe diferenciar entre el bien y el mal, no le importa, es indiferente y en consecuencia no hace falta otra explicación, siento que fue útil ante cualquier duda de otra cosa”.

Los primeros dos años recibió terapia sicológica, posteriormente, no recibió más visitas de psiquiatras. Una debilidad que también se carga al sistema penitenciario que debería dar seguimiento a la salud mental de los reclusos con este tipo de diagnóstico sea válido o no. Y previo a su salida, un estudio médico que garantice una reinserción segura en la sociedad.

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